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martes, 1 de noviembre de 2011

viernes, 25 de febrero de 2011

Bipolaridad económica

Qué feo se siente, desembolsar mes a mes, los centavos para cubrir las deudas de las tarjetas de crédito... :(

Pero qué bonecito es, caminar unos pasos fuera del banco y descubrir que, justo-lo-que-estabas-buscando, está de ofertón, por lo que, tarjetazo se ha dicho!... :)


Píquele a la foto y envídieme...
(Teléfono, plumas y marcadores, no estaban de oferta)

Osh, qué debil soy. Págame la publicidad, Slim ¬¬.

jueves, 3 de febrero de 2011

Despertar y dormir

Estaba en la oficina de mi jefe, revisando con él una información de nóminas y bla, bla, bla.
Y así de la nada, comencé a sentir una pesadez terrible en los ojos, con la consecuente sequedad de los mismos, en el intento despiadado por mantenerlos abiertos y no quedar como la que se duerme en el laburo y además, enfrente del jefe.
Por momentos, creo que me fue imposible lograr mi cometido y quizás, fue evidente que estaba librando una batalla contra el repentino sueño.
Total, que empecé a recordar otras ocasiones en las que me sucedió algo similar: el curso de ventas en Guadalajara, cuando trabajé en Fiesta Americana; algunas clases en la Uni (casi siempre, las que tomaba en horario 4-5 p.m.), una cena en la que Ojos habló y habló y habló -y, en la que, irremediablemente-, me quedé dormida sobre su hombro.
Con todo y mis cavilaciones, yo seguía teniendo un sueño de la chingada, además de que no podía concentrarme ni tantito en lo que estábamos revisando.
Así que me enfoqué en el rostro de mi jefe, creyendo que, con mirarlo directamente, mi esfuerzo tendría que ser doble y terminaría por mantenerme bien despierta. Pero no.
Además, los ojos me ardían cada vez más, por el humo del cigarro que inunda su oficina.
Por fin, mencionó algo que dió pie a mi característico "pues, bueno..." que es la antesala para mi inminente retirada.

*****

Cuando salí del trabajo, rumbo a casa de mis papás, estaba casi segura de que tomaría una siestecita reparadora, pero...
En cuanto puse un pie en la calle, tuve la sensación del "despertar". Le llamo así al momentito en el que nos "damos cuenta" de que estamos en X sitio, de que ocupamos un lugar en el espacio y de que entonces por qué chingados nos sentimos tan fuera de lugar, tan mínimos y tan ajenos a nosotros mismos.
"O sea, yo no soy ésta y qué diablos hago aquí?"-pensé.
Imagino, que esa sensación que dura unos pocos segundos, ha de ser porque mi verdadero yo está a punto de despertar en la realidad verdadera. Así como cuando uno sueña y en el sueño todo va de maravilla, hasta que las hamburguesas te persiguen o tú a ellas y entonces eso no te cuadra mucho con tu realidad de laburos en los que casi te duermes, por lo que te despiertas, sólo para comprobar que efectivamente el irse a dormir con la panza vacía, no es algo recomendable.
En fin, que con el despertar ya no me dieron ganas de dormir, sino de escribir.
Ah, y cuando crucé la calle en medio de mis líos existenciales (sobre el despertar, los otros yo y el maldito frío que me cala hasta los huesos), un taxista me gritó: qué fríoooo, pero qué calorrrrr... naco.
Y creo que apesto a cigarro, osh.


lunes, 27 de septiembre de 2010

La misteriosa noche de los tacos invisibles

Estábamos echadotes en el sillón, decidiendo qué cenar. Los nuggets de pollo me habían hecho ojitos desde la noche anterior, y antes de llegar a casa, pasé al Oxxo por dos panes y medio (Luego, Ojos me explicó que lo que yo creí era un pan completo, era sólo la mitad del mismo, bu... maldita ignorancia panadera) y tortillas de harina, para mis famosas quesadillas doble queso.

Ojos se estaba haciendo de la boca chiquita; aunque ya le voy conociendo las mañas y sé que cuando dice: "no tengo hambre", se refiere más bien a que no está dispuesto a comerse una vaca entera, sino sólo la mitad.
En algún momento de nuestras cavilaciones culinarias, Ojos abrió la puerta de la entrada y enseguida lo escuché decir emocionado:

-Mmmm!!!... venga, chaparrita!!! Huele riquísimo acá afuera...

Salí, y efectivamente percibí un aroma muy agradable. Ahora mismo no podría describir con precisión el olor; pero en ese momento imaginaba que provenía de unos deliciosos tacos, nunca jamás probados, o quizás de algún asado hecho de una receta secreta y maravillosa... algo así, pues.

La cosa es que, desorbitado por la gula y la curiosidad, Ojos me propuso seguir a nuestro olfato, hasta dar con el suculento platillo del que emanaba semejante aroma.
Nada me importó caminar por las recién llovidas calles, en mis pantuflas de peluche con maripositas. Así, caminamos tres cuadras hacia la derecha... y nada; el olor disminuía en esa dirección. Además íbamos en sentido contrario al viento, por lo que caminamos algunas cuadras más hacia el otro lado.
Nada de tacos, asado o whatever. Nada.

El olor se iba desvaneciendo, conforme más caminábamos, fuera la dirección que fuera.
Abatidos por la decepción de nuestra expedición fallida, regresamos a casa, cabizbajos y mucho más hambrientos que al inicio de la odisea.
Como si fuera una broma de mal gusto (pero de buen olor), justo en la puerta de entrada, el aroma nos envolvía, haciéndonos agua la boca y anhelando que dentro de la casa y por arte de magia, se estuvieran cocinando esos tacos deliciosos jamás probados, o el asado hecho de una receta maravillosa y secreta.

Pero no.
En cambio, nos esperaban unos humildes nuggets de pollo, con mayonesa y cátsup... y si acaso, mis famosas quesadillas doble queso.
Ah!... y dos panes y medio, por supuesto.

domingo, 31 de enero de 2010

Final feliz e Infeliz final

"Una chica me dijo: no hay por qué tener miedo. Las cosas dulces y bonitas seguirán ahí cuando consigas despertarte.
Yo estaba despierto, así que imaginé que era ella la que estaba dormida".
Héroes, Ray Loriga.



Ésta madrugada soñé con el filósofo inteligente, guapo y amable con todos, menos conmigo.
Peeerooo... la madrugada anterior:

La UNAM; somos un montón de gente en un patio enorme, sentados en sillas plegables. Frente a nosotros, hay unos tipos dando un discurso político. Preguntan amenazantemente si apoyaremos sus iniciativas:
1) Que el Dalai Lama tenga derecho a jugar wii.
2) Que... (la neta ya no me acuerdo de la iniciativa, pero se trataba de obligarnos a hacer algo con lo que no estaba de acuerdo)

Itza está a mi lado. Casi llorando, le digo que me da mucha rabia que nos quieran amedrentar de ésa manera. Un tipo pasa con una hoja que tenemos que firmar. Me niego. Con sorpresa veo que la demás gente está levantando la mano como gesto de aprobación a lo que nos piden. Aunque pareciera que lo hacen por miedo a las represalias.

Me da mucho coraje; estoy decepcionada, sobre todo. Es la primera vez que estoy en la UNAM y no es nada de lo que había imaginado.
Calles de Zacatecas o Guanajuato; Itza y yo queremos comer algo.
Entramos a un lugar que se supone es un restaurante. Veo a una mujer entrar por una puerta enfundada en un corset blanco, con pezones de plástico puntiagudos. Asumo que estamos en un burdel... o algo así.

Salimos presurosas, pero un tipo nos ve e intenta detenernos.
Al salir, gritamos por la calle como locas. Por fin, perdemos de vista al tipo.
De pronto, nos encontramos en una calle a Diana y otras personas. Nos dicen que nos llevarán a pasear a Disneylandia. Brincamos de júbilo.

*****

Entonces, ésta madrugada:

Estoy en la sala de la casa de mi abue, platicando (será posible!?) con el filósofo inteligente, guapo y amable con todos, menos conmigo; él me está diciendo (amablemente, uy!) cómo armar unos cochecitos de juguete que están sobre la mesa y en eso...

¡Uta madre! que me despierto con las sirenas de unas patrullas a las 3:20 a.m. :-(



miércoles, 19 de agosto de 2009

Trasplante

A mi pobre abejita, a mi pobre abejita... se le cayó una antenita.


Ah! pero tengo una amiga bien simpática en la ofi que se encargó de arreglarla...




La paciente es un regalo que me hizo su pequeña hija... éstas madres de hoy, caray! jiji

miércoles, 22 de julio de 2009

Lecciones de bolsillo pa la vida laboral

El último rol de mi empleo multifacético fue el de camarógrafa, hace un par de semanas.
En estos tiempos de crisis (o sea, los mismos tiempos desde que tengo uso de razón) no puedes negarte a las peticiones -o sea órdenes tajantes- por parte de "los altos mandos" de labores extras y no remuneradas a tus obligaciones habituales, en virtud de ahorrarles una lanita claro está.
Yo la verdad es que me divierto disfrazándome, y no fue la excepción en mi más reciente experiencia.
La misión que me fue encomendada fue ir a grabar un evento gubernamental, en el que además nos darían una entrevista exclusiva al finalizar (güórales qué cool).

Lo primero que aprendí de un "colega" (conste que lo puedo nombrar así, porque resultó que estudiamos la misma carrera) es que grabar un evento de éste tipo es un desperdicio, ya que los de comunicación en gobierno a huevo tienen que hacerlo; tons mejor ahorrar tus propios recursos, hacerte amiguis de alguno de esa área y pedirle que luego se moche con una copia de todo. Chido.

De todas formas yo ni podía grabar, porque bien listos en mi ofi me compraron un disco DVD pa la cam en vez de el cassette mini DVque les pedí, toing.
Así que estuve esperando un ratote a que llegaran con el encargo correcto. Mientras tanto me puse a turistear por el recinto, mandé algunos mensajitos ociosos, me asomé de vez en cuando a la sala de la reunión pa refrescarme con el A/C (y también era chistosillo ver que todos estaban taaaan aburridos que en cuanto abrías la puerta, se despabilaban esperando ver afuera algo más emocionante que lo que pasaba entre sus cuatro paredes).

Lo segundo que aprendí es que cargar con una cámara y un tripié puede resultar atractivo (para los que NO tienen que cargar con todo el armatoste, porque pa mí fue como una sesión de pesas obligada, ouch). Digo, tampoco me quito mis méritos personales jiji, pero es que el tonito y la mirada lujuriosa con la que un tipo me preguntó "¿eres reportera?" me causó extrañeza (fijaciones enfermizas con Luisa Lane, supongo). Lo que re-aprendí en realidad fueron esas sabias palabras que tanto escuché en mi niñez: no hables con extraños.

Por fin entré a la sala para escoger el lugar adecuado para llevar a cabo la entrevista y colocar todo el equipo.
Lo tercero que aprendí es que cuando no llevas todo lo necesario para hacer bien tu trabajo, puedes recurrir a una caidita de pestañas con algún incauto que sepas que te puede resultar de ayuda... ah! usar la vocecita de niña consentida y los diminutivos también funciona y muuucho. "Aich, no traigo extensión para la cam, me la prestas rápidito? van a ser sólo 5 minutitos... shi, porfis?" caída de pestañas y la extensión fue mía por media hora.

Por fin terminé de instalarme; mi jefe y el entrevistado se pusieron guapos y a la cuenta de 3, 2, 1 grabando empezó el bla bla bla. Tuve que recordar mis clases de videoproducción en las que mi maestro Pablo me regañaba por dejar mucho "aire"en las tomas, así como luchar contra mi adicción por hacer zoom a la menor provocación....

Y lo cuarto y último que aprendí es que siempre hay que fijarse bien cuántos mirones se han quedado en la sala de grabaciones y lo más importante, dónde se han quedado; no vaya a ser que estés tan ensimismada sobre el visor de la cámara que no te des cuenta de que estás dando un choucito de tu trasero en primer plano al público asistente, gulp.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Decías?

Hace unos días fui a peinarme con la chica que de un tiempo pa acá, se ha convertido en mi estilista quita-apuros.
Noté que ya tenía ayudanto: un muchacho bajito, delgado, de cejas bien depiladas y finas maneras... vaya! nada raro en algunos hombres que se dedican a éste bizne.
Mientras ella luchaba con mi rebelde cabellera, yo observaba cómo él teñía unas mechas con evidente nerviosismo, ante la supervisión impaciente de su jefaza.

Hoy me entró la loquera de cambiar de look, por lo que fui de nueva cuenta con la antes mencionada cultora de belleza para tales efectos. La encontré viendo animadamente una telenovela en compañía de su ayudanto, quien demostraba a cada instante ser fiel seguidor del melodrama.
En algún momento él salió del local y yo me vi tentada a hacer un comentario con ella sobre su opinión al respecto de si los hombres (en particular los hombres gay), son o no, mejores estilistas que las mujeres.

La cuestión era más que nada para romper el hielo, ya que mi diestra peinadora no es precisamente una parlanchina, y a colación también por su reciente alumno... y por aburrimiento, pues.
Pero consideré que el mundo no sería un lugar mejor con mi agudeza verbal; así que preferí callar y disfrutar de mi vanidosa estancia.
Al poco tiempo el chico volvió, se acercó a la jefa que estaba detrás de mí, y a través del espejo pude ver cómo se daban tremendo beso apasionado.

Después llegó otro cliente y escuché que le contaban con emoción que tenían programada la boda para Julio.
En esos momentos no pude evitar imaginar con cierto espanto la historia de mi mundo paralelo; el que incluía haber soltado ese comentario negligente y banal y con ello haber corrido el riesgo de quedar calva por cierto "accidente" con el tinte, trasquilada por un "descuido" con las tijeras, o quemada sin remedio a causa de una tenaza caliente, "misteriosamente" colocada en mi cara.

Bien reza el dicho: calladita me veo más bonita... (literalmente).